La Gastronomía Rumana.

Es diversa en platos y ofrece muchisimos platos tradicionales. Debemos decir que Rumania ofrece una cocina muy variada y rica a base de productos naturales y mano artesana que dedica, aún en estos días de prisas, mucho tiempo en su elaboración. El turista no debe preocuparse por este tema porque con seguridad encontrará similitudes entre muchas especialidades rumanas y españolas.
Los platos de carne predominan sobre los platos de pescado a excepción de la zona del delta del Danubio, donde el pescado gusta mucho a los lugareños. Las verduras de temporada son ingredientes básicos en casi todas las comidas.
                                                    PLATOS TIPICOS :
- ardei umpluţi, caltaboşi, ciorbă de burtă (sopa de tripas), ciorbă de perişoare (sopa de albóndigas), ciulama (estofado de salsa blanca), dovlecei umpluţi, drob, fasole cu cârnaţi, frigărui, iahnie (estofado de judías), piftie, plăcinte, mămăligă, mâncare de mazăre, musaca (moussaka), mititei.

- papricaş, peşte marinat, plachie, rasol, saramură, sarmale, soté de morcovi, şniţel, stufat de miel,supă de găluşte, tocană, tocaniţă (estofado), tochitură moldovenească (esfofado moldavo), varză călită (col cocida con cerdo: costillas, pato, etc.), zacuscă.


                                         Especialidades más recomendadas:
                                     
                                                                 Mititei. 
               Salchichas pequeñas asadas y condimentadas con hierbas aromáticas.


                                             Tochitura moldoveneasca.
                         Guiso de carne acompañado con mamaliga (polenta) y queso.


                                                      Sarmale con mamaliguța. 
                               Plato típico de carne picada y envuelta en hojas de col.


Frigarui.
                                                        Carne en pincho.

Tuslamá de burta.
                                                      Ternera guisada.

Kashkaval o cascaval pane.
                                              Queso de oveja empanado.

Ciorba taraneasca.
                                            Sopa campesina con verduras.

Miel la protap.
                                     Cordero asado típico de la región de Dobrudja .


Cirnati oltenesti trandafiri.
Salchicas rosas típicas de la región de Oltenia.

Muschi tiganesc.
                                 Ríete a la zíngara de la región de Valaquia
Papricas.
Guiso de carne o pollo con cebollas fritas, a la crema o con tomate, propio de la región de Transilvania.

Clatite.
Crepés servidos con chocolate caliente, mermelada v flambeados con vodka.
                                
                                                  Papanisi cu smintina.
                                                  Rollo de nata o crema.




Durante muchos años sólo hemos conocido de Rumania las fabulaciones literarias sobre Drácula y, más recientemente, a Ceaucescu (¿pariente del anterior?) o a los niños de los orfanatos. Pero Rumania es mucho más. Y más allá de éstas o de las idílicas imágenes de los bosques de los Cárpatos o las iglesias pintadas del norte de Moldavia, Rumania sigue siendo una gran desconocida, una joya por descubrir.
Dice un dicho rumano que hay que tomar vino: una copa para la salud, dos para el placer y tres para un buen descanso. Cuatro le ponen a uno triste y más... ¡le vuelven loco!. Y aunque, quizás por este sabio consejo, el consumo de vino en Rumania no es especialmente destacado, sí lo es su producción: Rumania fue en 1995 el noveno mayor productor mundial de vino. Queda algo más alejado en lo que respecta a exportaciones ya que en el ámbito mundial ocupa el puesto número 20. En 1998 Rumania destinó al cultivo de viña para la producción de vino (dejamos fuera la uva de mesa) 231.200 hectáreas de las que se obtuvieron 6’6 millones de hectolitros, 5 millones de los cuales fueron de vino blanco.
Las condiciones climáticas y geográficas de Rumania han favorecido la viticultura: grandes llanuras que se extienden al sur de los Cárpatos, insolación abundante y la influencia del Mar Negro. Situada en el mismo paralelo que Francia, los veranos calurosos seguidos de inviernos extremadamente fríos hacen sufrir a las vides para que proporcionen unos caldos tan sorprendentes como desconocidos.
El cultivo de la viña se practica en los territorios de la actual Rumania desde la antigüedad. Los vestigios arqueológicos atestiguan la práctica continuada de la viticultura desde hace más de 4000 años. Los vinos producidos se distribuían por toda el área de los Balcanes y, a partir del siglo II d.C., aunque los vinos de la Dacia no alcanzaron ni en volumen ni en fama la importancia de los vinos griegos, los romanos se encargaron de extenderlos por el resto del imperio, especialmente en su parte oriental. La Edad Media supuso un fuerte impulso para la viticultura. Algunos viñedos de Cotnari ganaron la fama en los siglos XIV y XV que aún mantienen hoy en día. Al contrario que en otras zonas (como en España) donde la expansión árabe limitó momentáneamente su cultivo, las particulares características del imperio Otomano (siglos XV-XX) permitieron que la viticultura rumana se siguiera practicando de forma ininterrumpida hasta la actualidad.
La llegada de la filoxera (1880-1884) supuso la destrucción del 60% de las viñas y, en algunas zonas, de las plantaciones enteras. Hasta entonces las variedades autóctonas predominaron en los viñedos. Esta enfermedad supuso un trauma (similar al de otras muchas regiones productoras del mundo) del que no se recuperó completamente hasta el fin de la segunda guerra mundial, cuando empezaron a importarse grandes cantidades de cepas de variedades nobles injertadas en pies americanos.
Durante la época comunista, en el marco de una economía colectivizada, se crearon grandes y modernos complejos que utilizaban los últimos “adelantos de los años 60” (grandes depósitos de cemento, etc.) con vistas a la exportación al resto de países del Este. De este modo, Rumania alcanzó un cierto reconocimiento internacional como productor de vinos de calidad. Durante este periodo, el cultivo de la viña fue creciendo hasta representar algo más de un 2% de la superficie cultivable de todo el país. El gobierno rumano implantó el llamado “Plan de sistematización de las zonas rurales y urbanas” que provocó la destrucción de numerosos pueblos y la reubicación de sus habitantes en “ciudades agrarias” causando graves desajustes en la agricultura del país.
Este y otros muchos planes de desarrollo consiguieron que durante la década de los 80 Rumania fuera el país europeo con mayor deuda externa. Las duras medidas económicas impuestas por el régimen de N. Ceaucescu se tradujeron en carestías de todo tipo en el interior del país. El descontento de los rumanos (junto con otros muchos factores) acabo estallando en 1989 (el año de la revolución) provocando la caída de un régimen que dejaba al país hundido en una profunda crisis.
El declive, tanto técnico como económico, afectó también a la viticultura y la superficie destinada al cultivo de la viña y, por ende, la producción vinícola rumana ha descendido progresivamente desde el año 1989. Actualmente, la superficie cultivada de viña no llega a ese 2%, produciendo en su mayoría vinos blancos ya que los vinos tintos representan un porcentaje ínfimo dentro de la producción total. Aunque en los últimos años se han realizado importantes mejoras para intentar superar el desfase tecnológico, en general los vinos rumanos presentan una calidad muy desigual y aún necesitan mejorar en lo que se refiere a técnicas de elaboración y tratamiento en bodega. Por el contrario, tienen a su favor unos costes de producción mucho más bajos que en el resto de Europa y, sobre todo, la utilización de uvas de gran calidad.
Rumania produce más de 400 vinos distintos agrupados en distintas categorías dependiendo de su composición y de la tecnología utilizada en su producción.